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05 marzo 2012

Trabajar para vivir y escribir

Dedicarse a la literatura no es negocio. 

Reproduzco este excelente post del periodista Luis Gruss sobre las tareas que, de alguna manera, financiaron a las grandes plumas.

Escritores ocupados

La literatura, al igual que el amor, no es rentable. 
Cervantes repartió su vida entre su condición de recaudador de impuestos y prisionero en una cárcel de Sevilla. 
Shakespeare tenía algunas propiedades rurales pero no le alcanzó. Fue entonces cuidador de caballos del público teatral, cadete de la compañía de comedias, actor, figurante, dramaturgo. Todo en cuatro años. 
Borges escribió La biblioteca de Babel siendo empleado de segunda en una repartición oficial.  
Faulkner fue despedido de su puesto en el correo porque no repartía las cartas que le entregaban. 
Kafka se desempeñó como empleado público en un instituto dedicado a los accidentes de trabajo. 
Conrad y Melville se embarcaron jóvenes y recorrieron los mares del mundo. Conrad llegó a ser capitán pese a que detestaba los viajes. Melville terminó convertido en un insatisfecho inspector de aduanas en Nueva York. 
Fernando Pessoa, acaso el mayor poeta del siglo XX, sobrevivió gracias a su sueldo como traductor comercial en una oficina de Lisboa. 
Pero no fue así como todos ellos se ganaron la vida. Se la ganaron, como es sabido, de otro modo.
 Publicado en el blog de Luis Gruss. 
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29 enero 2012

Pronto: El Festival Azabache en Mar del Plata

En Argentina tenemos nuestra propia versión de la Semana Negra de Gijón, el festival español dedicado íntegramente al policial negro.

En apenas unos meses, Mar del Plata volverá a ponerse turbio.

El 13, 14 y 15 de mayo vuelve el Festival Azabache:



La página oficial del festival parece que aún no está disponible, pero podés enterarte siguiéndolos en Facebook o Twitter.

El escritor Gustavo Nielsen publicó las bases del concurso de novela negra del festival.



Amantes del policial negro, si se lo pierden es que están muertos.

El año pasado lo seguí en vivo por Twitter. Esta vez, si no puedo ir, haremos lo mismo.


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05 agosto 2011

Poema: Del rigor en la ciencia, en la voz de Borges

Hace poco me mencionaron esta historia (Gracias, Edu). Nunca la había leído y al hacerlo encontré también esta versión narrada por Borges.

Vale tomarse un minuto y medio para escuchar cómo la ambición de perfección acabó con el sentido y los geógrafos se vieron forzados a entender que el mapa no es el territorio.

Video (1:29)

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18 junio 2011

El policial según Borges en su aniversario

Foto: Absolut-Argentina.com
El 14 de junio se cumplieron 25 años de su muerte. Quedó lejos aquel post en el que recordé sus 109 de edad.

Pensé en una manera de recordarlo. Y lo que más recuerdo de Borges son sus reflexiones críticas y enseñanzas sobre el género policial:

  • El lector inventado por Poe.
  • La inclusión de la violencia.
  • Su pérdida de interés en el género. 

Gracias a Roberto Alifano, amigo del escritor, transcribo algunos pasajes de una conversación, alrededor de 1980 (el dato es impreciso) que publicó en su libro "Conversaciones con Borges".

El lector de policiales: 
"El lector de policiales ha sido creado por el mismo género policial. Es decir, si uno lee un cuento policial lo lee pensando en quién será el asesino. En cambio, los primeros lectores de Poe (para Borges, el inventor del género policial) no eran lectores de cuentos policiales. De modo que leían de otro modo. Vamos a suponer, por ejemplo, que el Quijote fuera una novela policial. (...) Entonces leeríamos: 'En un lugar de la mancha de cuyo nombre no quiero acordarme...' Y uno pensaría esto: 'Bueno, el que dice esas palabras es, sin duda, el criminal ya que por algún motivo no quiere acordarse'. Y después... 'No ha mucho tiempo que vivió un hidalgo'. Y uno seguiría pensando: 'Quizás ese hidalgo vive y va a ser asesinado o ha sido asesinado recientemente'. Vale decir que leemos un texto del género policial sospechando todo de antemano, pero ese tipo de lectura ha sido creado por el mismo género policial.

Un tipo de lectura que ha trascendido y penetrado en la cultura de masas, de modo tal que hoy hasta la ejercemos ante una serie de televisión, una película de James Bond o cualquiera que tenga acción y algo de suspenso.


Desdén por la violencia:


"Cuando yo leía cuentos policiales prefería una tranquila aldea inglesa. Chesterton ha sido uno de mis autores preferidos. (...) En Inglaterra se ha respetado más la tradición del cuento policial que en Norteamérica donde ha sido reemplazado por novelas en las que intervienen la violencia y el sexo."

Parece mentira que quien diga esto, durante 10 años haya dirigido, junto a Bioy Casares,  El Séptimo Círculo (1945 - 1955), una colección de novelas policiales de autores como James M. Cain, más cercano al hard boiled (la rama dura inaugurada por Cosecha roja de Dashiell Hammett) que al policial enigma de Poe.


Es probable que hoy Borges pusiera mala cara ante las novelas de James Ellroy, en mi opinión, uno de los autores que hacen algo diferente en el género. Su prosa de frases cortas y rápidas, como disparos a quemarropa, le dan vértigo e intensidad a sus novelas cargadas de personajes heridos por la violencia de la vida.

Borges consideraba el policial como un género fantástico, en el sentido de poco realista. Los crímenes, decía, en la realidad se descubren por delaciones, errores, azar, y no por razonamientos inteligentes.

Veía al policial como una suerte de relato problema que se resolvía cerca del último párrafo. El misterio era el único encanto, al punto que el crimen, y todo lo que ello implica, podría resultar puramente anecdótico.


Desdén por el género:

Y sí, parece que, con los años y el avance de la rama negra, Borges perdió el interés por el policial.

Philip Marlowe (Raymond Chandler) en la carne de Bogart.

En una entrevista reproducida en el excelente ensayo “Asesinos de papel”, de Jorge Lafforgue y Jorge B. Rivera, dijo:

“Frente a una literatura caótica, la novela policial me atraía porque era un modo de defender el orden, de buscar formas clásicas, de valorizar la forma. (…) Luego descubro que ese rigor y esa coherencia pueden reducirse a un pequeño grupo de artificios; comienzo a sentir que Stevenson tiene razón cuando dice que la novela policial deja la impresión de algo ingenioso pero sin vida. Y entonces me doy cuenta que los autores que más me atraen no son estrictamente policiales.
(Sobre la literatura norteamericana) No me parece que sea un mérito pintar ambientes desagradables, que se pueda aplaudir la tendencia a la vulgaridad ni menos a la exaltación de la violencia. En mi cuento ‘La intrusa’ hay un crimen, pero no se lo describe, y el efecto logrado es mucho mayor que si hubiese mostrado esa escena violenta.”
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13 mayo 2011

Qué pasa en el Festival Azabache ¡en vivo!

Mar del Plata se está poniendo turbio; oscuro. El viernes 13 (qué mejor) comenzó el Festival Azabache de literatura negra y policial.

Hasta el 15, enterate qué está pasando allí dentro a través de los tweets de los escritores Claudia Piñeiro, Juan Terranova y Javier Sinay, todos aquellos que tweeteen con el hashtag #festivalAzabache o #Azabache.

Disfruten:
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02 mayo 2011

Tarde de Sábato

Este es el relato de la vez que merendé con Ernesto Sábato, la tarde en que lo conocí mucho antes del fin. 

Miré el papelito. Tenía anotado el nombre Gladys y un teléfono; no era la letra de mi amigo Nico, pero era él quien me lo estaba mostrando. Hay que llamar y decir que queremos ir a tomar el té, dijo, como si fuera una contraseña. Hoy, a casi siete años del día en que marqué ese número, aún me sigue resultando extraño que ir a merendar con Ernesto Sábato resultara tan sencillo.

Me atendió Gladys, aceptó nuestra auto-invitación y quedamos para el sábado siete de agosto, con dos condiciones: Ernesto no daría ninguna entrevista periodística y debíamos llevar algo para acompañar el té. Por supuesto, estuve de acuerdo. Sólo importaba conocer muy de cerca a la persona que había escrito El Túnel, mi primer contacto con su literatura. Dónde vivía, qué leía, seguía escribiendo o sólo pintaba, cómo era su biblioteca, qué consejos me daría, qué inspiraría. Tal vez, porque había leído Antes del fin hacía pocos años, lo imaginaba sumergido en una atmósfera sórdida, melancólica. Corté el teléfono y esperé a que llegasen las respuestas.

Fuimos cuatro. Nico con Maru, su novia de aquel momento, y yo con la mía, Natalia. Era un sábado frío y nublado, que se sintió en las veinte cuadras de caminata que separa Floresta de la estación de tren de Villa del Parque. Compramos una pastafrola y algunas masas secas en el camino. Subimos al tren y, minutos después, bajamos en la estación solitaria de Santos Lugares. Habíamos estudiado cómo llegar desde allí y en poco tiempo estábamos frente a las rejas de la entrada. Al final de un angosto camino de baldosas, que se abría entre la medianera y un descuidado jardín cerrado de árboles y plantas, se veía ennegrecida la casa.

No registré la distribución de los ambientes, pero tengo clara la imagen de los tres lugares en que estuvimos con él. Una suerte de pequeño comedor diario junto a su estudio y, más hacia el fondo, se anexaba una habitación en la que descansaban, tal vez, cientos de sus cuadros, apilados sobre las paredes. Era el atelier, su segunda pata creadora. En el centro, sobre una mesa baja, estaban las pequeñas láminas de madera repletas de trazos inconscientes; lo último que había pintado.

Nos acercamos. En el estudio había poca luz y ahí, sentado frente al escritorio en el que tantas veces lo han fotografiado, estaba él: tenía un pullover verde tan oscuro como el jardín, por el cuello y las muñecas, asomaba una camisa roja, también oscura. Saludó y piropeó a las damas. Cuando fue mi turno cometí un error que me valió un golpe en el pecho y una sonrisa. Sólo se besa a las chicas, gruñó.  Nos acomodamos en ronda y charlamos en la penumbra, preguntó de dónde veníamos, qué hacíamos, indagó un poco para conocernos. ¿Dónde estudiás? En la UBA, respondí. ¿UBA?, eso se come, bromeó. Poco a poco notamos que antes que Sábato había un anciano de noventa y tres años que —nos diría después Gladys— la compañía joven le hacía muy bien. Y no había mejor compañía que aquella que lo admiraba. Para nosotros, se trataba de un regalo inmenso.

Hace siete años, Ernesto Sábato me regaló este encuentro. 
Nos levantamos cuando Gladys anunció que estaba el té. Antes de atravesar la puerta, Sábato se detuvo frente al retrato antiguo de una mujer, colgado a la derecha del marco. Mi madre era albanesa, dijo elevando el tono. Durante la merienda Sábato habló poco y volvió a repetir el origen de su madre; entendí que detrás de aquella frase había un recuerdo profundo. En la mesa conocimos a Amalia, una muchacha poeta y periodista que jamás dejaba durar el silencio; tenía veinte y tantos. También estaba un joven artista plástico que se conectaba más con el Sábato que se expresaba con pinceles en lugar de tinta. Ernesto es el último de los surrealistas, aseguró con convicción. Al igual que su inspirador, él también hablaba poco, y aquella afirmación tan contundente en realidad la había dicho después del té, mientras estábamos en el atelier.

Alguien descubrió un ejemplar de La Resistencia traducido al francés. Sábato se entretuvo un rato intentando que Natalia pronuncie correctamente La Résistance. Me detuve a observar algunos de sus cuadros, la atmósfera sórdida y melancólica estaba reflejada allí. Él parecía disfrutar de la compañía, pero notamos cierto cansancio y decidimos preguntarle si prefería que nos fuéramos. Dijo que no. Entonces llegaron las fotos y las dedicaciones en los libros. Ahora miro el trazo largo y tembloroso de su letra: Para Emiliano; debajo, la inicial de su nombre, un punto, y el Sábato sintetizado de su firma. Ernesto, lo llamó Amalia. Él respondió alzando la vista. ¿Cómo es que decía Borges? El gesto y la voz de Sábato se transformaron durante segundos. Fue una buena imitación, reímos. Poco después, notamos otra vez el cansancio y preguntamos de nuevo sin correr la misma suerte: ¿Querés que nos vayamos? Sí, ya está bien.

Y salimos los seis. El joven artista plástico se colocó la capucha y se perdió entre las calles quietas y poco iluminadas de Santos Lugares. El resto esperamos el tren en la estación. Recuerdo mis manos en los bolsillos y la alegría ambigua de que no fue lo que hubiera imaginado, quedó mucho sin responder y la horrible certeza de que, naturalmente, los años lo carcomían. Pero conocerlo antes del fin fue una hermosa inspiración y una prueba de su generosidad. Ahora que ya no está, el relato de aquella tarde siento que la inmuniza del olvido y —como tal vez hubiera dicho él— escribirla es el único antídoto que tengo disponible, capaz de reconfortar.
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14 agosto 2010

Arranca el FILBA, la literatura viste de fiesta


Luego de una larga ausencia, el 1 de septiembre comienza la segunda edición del FILBA (Festival Internacional de Literatura) en Buenos Aires.

En apenas 5 días la literatura saldrá a relucir algunas de sus mejores joyas, habrá charlas y debates que incluso se extenderán fuera de la sede central, el MALBA.

Destaco 3 eventos sobre el arte de la ficción que valen mucho la pena:

Jueves 2 de septiembre:
10:30 hs. - 13: 30 hs. (Workshop en el MALBA)
El arte de contar cuentos
Nicolás Buenaventura, narrador oral colombiano. (Video: Buenaventura narra La Creación)

Sábado 4 de septiembre:
11.00 - 14.00 hs. (Workshop en el MALBA)
Creación Literaria
Luis López Nieves, novelista puertorriqueño, creador de Ciudad Seva.

Domingo 5 de septiembre:
16.30 hs. (Panel en el MALBA)
La trama es lo que cuenta
Participan: Tomás de Mattos - Manuel Rivas - Juan Martini
Modera: Jorge Consiglio




Perlas de la edición anterior:



¿Van a ir a alguna de las charlas o paneles? Programa completo en PDF.
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13 junio 2010

A los escritores en su día

La efeméride dice que hoy es el día del escritor. Pero, ¿qué es un escritor? Detrás de todo lector, ¿hay un escritor? ¿Un escritor puede construir un lector?

Uf, digan lo que digan, las respuestas a esas preguntas son discusiones eternas.

Desde aquí van mis saludos a los escritores en su día, con unas líneas de uno de los mejores que he leído hasta ahora: Abelardo Castillo.

    Escritor profesional

La palabra "profesional" no existe en literatura. Más bien diría que es un adjetivo sospechoso. Un escritor profesional es un artesano aplicado, que puede escribir casi sobre cualquier cosa.

El autor de best-sellers, hablando en general, es un escritor profesional. Busca primer un tema, o se lo buscan, y después organiza una historia que de antemano es un éxito. Lo que hace es parecido al trabajo periodístico: "Escríbame sobre aquel incendio o aquel mafioso, pero escríbalo ya".
El escritor, el poeta, es cualquier cosa menos un profesional; salvo que le demos a la palabra profesión se antiguo valor etimológico, el de profesar, como cuando decimos que se profesa una idea, una religión, ciertas convicciones. Únicamente en ese sentido, el escritor es un "profesional"; pero entonces no escribe artesanalmente, escribe lo que debe o lo que puede. Tengo mis serias dudas de que un buen escritor pueda escribir sobre cualquiera tema. Incluso cuando imagina escribir "a pedido" es porque ese pedido coincide con algo que, íntimamente, él quería escribir o le importaba escribir.

El fragmento es del libro Ser escritor.
En Librería Santa Fe se vende una reedición de Seix Barral.

Algo más
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24 mayo 2010

Encuentro con Arlt, el squenun stencil

El feriado había sido decretado y nosotros caminábamos la mañana sintiéndonos unos completos squenuns.

Lo encontramos sobre Cabildo, antes de llegar a la esquina de Virrey Arredondo. Al igual que nosotros, venía deambulando. Nos detuvimos a chalar y Ella sacó la foto:




Dio la casualidad, Arlt, Ella y yo, nos habíamos propuesto pasar el día como squenuns. Que en palabras de Roberto, vendrían a ser:

En el puro idioma del Dante, cuando se dice "squena dritta" se expresa lo siguiente: Espalda derecha o recta, es decir, qué a la persona a quien se hace el homenaje de esta poética frase se le dice que tiene la espalda derecha; más ampliamente, que sus espaldas no están agobiadas por trabajo alguno sino que se mantienen tiesas debido a una laudable y persistente voluntad de no hacer nada; más sintéticamente, la expresión "squena dritta" se aplica a todos los individuos holgazanes, tranquilamente holgazanes.

Nosotros, es decir el pueblo, ha asimilado la clasificación, pero encontrándola excesivamente larga, la redujo a la clara, resonante y breve palabra de "squenun".


Mini autobombo como bonus track:

Pueden leer A los besos y patadas, una nota sobre los amores huracanados de Roberto Arlt publicada en el primer número de la revista Posta Data.
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18 abril 2010

Cortázar tiene swing

"El jazz es una presencia continua en lo que escribo", dice en este fragmento de la entrevista para la TV Española en 1977.

Me gusta mucho su idea del swing como un pulso vital en su escritura.

Escuchenlo (Video de 1':38''):



Gracias Leonardo Casanova que me sugirió el grupo Jazz Argentino en Facebook. Allí alguien me hizo recordar esta entrevista y disfruté el fragmento.
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02 enero 2010

Felicidades para todos, basta de ese pecado

En 1976, Jorge Luis Borges escribió:

He cometido el peor de los pecados
que un hombre puede cometer. No he sido
feliz. Que los glaciares del olvido
me arrastren y me pierdan, despiadados.

Mis padres me engendraron para el juego
arriesgado y hermoso de la vida,
para la tierra, el agua, el aire, el fuego.
Los defraudé. No fui feliz. Cumplida

no fue su joven voluntad. Mi mente
se aplicó a las simétricas porfías
del arte, que entreteje naderías.

Me legaron valor. No fui valiente.
No me abandona. Siempre está a mi lado
La sombra de haber sido un desdichado.

El poema lo tituló El remordimiento.

Y según dijo dos años más tarde, en una entrevista publicada en la revista Mercado, es uno sus poemas más flojos, porque lo escribió tres días después de la muerte de su madre.

Si en el 2009 alguno ha cometido el peor de los pecados y no ha sido feliz, no lo haga de nuevo y hártese de dicha, lo mejor contra el remordimiento. Y basta de las simétricas porfías que entretejen naderías. Va tanto para mí, como para ustedes.

En una palabra: ¡Feliz 2010! para los 2.796 lectores que visitaron Subí que te Leo durante el viejo 2009.

Novedades para este año nuevo:

Subí que te Leo en Facebook:(www.facebook.com/subiqueteleo)
  • Noticias sobre la tecnología en relación a la literatura, los libros, la música y el arte. 
  • Una red de lectura para que todos conozcamos qué estamos leyendo cada uno.

Hacéte amigo ahora y sumáte.

Además:
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25 mayo 2009

La novela ausente: La huella del crimen

Hace unos días compré La huella del crimen, de Raúl Waleis, la primera novela policial escrita en lengua española, que inauguró el género en Argentina. A pesar de que fue publicada por primera vez en 1877, nunca fue reeditada hasta hoy; un maravilloso rescate de la editorial Adriana Hidalgo.

La cuidadosa y erudita edición es de Román Setton, quien escribió además el prólogo, las notas, y un posfacio realmente imperdible.

La huella del crimen fue publicada por primera vez como folletín en el diario La Tribuna, entre julio y agosto de 1877. Fue una publicación en 22 entregas. Cada uno de los episodios había sido cortado por la tijera del espacio, en ningún momento los editores de La Tribuna siguieron la lógica del suspenso de la novela, como solía hacerse con los folletines. Posteriormente, fue publicada completa en un libro.

Algunos apuntes sobre el criterio de esta edición, según Setton:


  • “Nuestro propósito fue seguir la edición original con la mayor fidelidad posible, y por ello preservamos las peculiaridades de las variedades lingüísticas de la época así como cuestiones que conciernen al idiolecto o al estilo.”



  • “Se unificaron y modernizaron la ortografía y puntuación, a la vez que se eliminaron las abundantes erratas presentes en ambas versiones.”


  • Sin embargo, más adelante Setton señala que en pos de mantener las peculiaridades y riquezas del texto “hemos consentido cierto uso anticuado y expresivo de la puntuación”.


    Una novela ausente

    Después de 132 años, vuelve a salir a la luz una novela que por algún extraño motivo había quedado en un rincón casi olvidado de la literatura argentina.

    Comenta Setton:

    “Hasta el momento de esta publicación, existía un único ejemplar íntegro del libro, sólo accesible para investigadores registrados”.

    Lo último que se supo de La huella del crimen fue en 2007, gracias a que Vicente Battista publicó un conjunto de relatos bajo ese mismo título, en un declarado homenaje a Waleis.

    Según Setton, en diferentes textos sobre literatura argentina siempre se habló de la novela en base a interpretaciones de otros, por dos motivos: porque nadie entonces pareció haber recorrido sus páginas y porque la historia del policial en argentina siempre ha sido enfocada desde la influencia del género en lengua inglesa, mientras que la obra de Waleis se inscribe en el policial francés de folletín.

    ¿Quién fue Raúl Waleis?

    Un impostor. En realidad Raúl Waleis es un anagrama de Luis V. Varela (1845 – 1911), quien por algún motivo prefirió escabullirse en ese seudónimo para escribir una trilogía: La huella del crimen, Clemencia (¿será reeditada también por Adriana Hidalgo?) y Herencia fatal, de la cual no se tiene ningún dato, probablemente ni siquiera la llegó a escribir.

    Al igual que su obra, la trayectoria y la literatura de este jurista (llegó a presidente de la Corte Suprema de Justicia de Buenos Aires), poeta, dramaturgo y novelista argentino, apenas fue mencionada en la historia de la literatura argentina.

    Pero Waleis – Varela se encargó de dejar claras sus intenciones literarias en la “Carta al editor para que la conozca el lector” que se publicó junto a la edición en libro de 1877. Allí escribió:


    “Julio Verne ha popularizado las ciencias físiconaturales con sus novelas. Yo trato de popularizar el derecho con mis romances, sin pretender para estos la gloria inmensa de aquellas”.


    Waleis – Varela tenía una visión peculiar sobre el género policial, que había sido iniciado por Edgar Allan Poe pocos años antes, en 1841, con Los crímenes de la calle Morgue. Escribió en esa misma carta: “Este género de literatura es útil. Instruye deleitando y corrige instruyendo”. Al parecer, Waleis – Varela pretendía con sus novelas enseñar la importancia de la ley y del derecho.


    El rescate de la editorial Adriana Hidalgo no ha sido menor. Nos ha revelado a los seguidores de este género la base sobre la que se apila una larga tradición de literatura policial argentina que a más de un siglo después, continúa escribiéndose.


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    11 mayo 2009

    Apuntes sobre nuestro policial negro de cada día

    Logo Bruguera de El Club MisterioEntré y me abrí paso rápido entre el cardumen inagotable de gente. Atravesé el túnel publicitario de Ñ y ADN Cultura, pasé por el pabellón verde, azul, amarillo, ocre y, finalmente, llegué al blanco. Allí, en un pituco primer piso con salas de actos, la Feria del Libro era otra: había tranquilidad.


    En el salón Victoria Ocampo, apenas pasadas las veinte treinta del último viernes de la feria, comenzó la charla “El policial nuestro de cada día: ¿un género para pensar el presente?”. El primero en subir al escenario fue Juan Sasturain. A su espalda, subió Marisa Grinstein, autora del best seller y éxito televisivo Mujeres Asesinas, Pablo de Santis y Jorge Lafforgue, editor y especialista en el género. Tomó la posta el periodista y escritor Vicente Muleiro.

    Algunos apuntes que tomé de la charla:

    Juan Sasturain:

    “Es una literatura en la que los límites del género se diluyen fácilmente. Se mezcla con la literatura de crímenes, por ejemplo, en donde desaparece la figura del detective; y también con lo fantástico.”

    En referencia a la historia del género negro en la literatura argentina: “La Serie Negra, que dirigió Ricardo Piglia, fue clave en la historia del género en nuestro país, porque hizo una relectura selectiva del policial norteamericano que ya se venía consumiendo hacía años.”

    Jorge Lafforgue:

    “Fue considerado el policial como un género ‘menor’ de la literatura, al punto que, como señalaba Piglia , había autores a los que les costaba admitir abiertamente que escribieron o escriben el género.”

    “El policial dejó de ser un subgénero y empezó a formar parte del plantel de la literatura general. Muchos autores, si bien no han escrito policiales, han tomado recursos y técnicas del género.”
    “En Operación Masacre (1957) están presentes los elementos del policial, que la hacen una obra maestra.”

    Pablo de Santis:

    Marcó una diferencia interesante: “En las crónicas periodísticas el lector se engancha con los casos que no tienen solución. Curiosamente, en la literatura sucede lo contrario, porque los casos generalmente terminan resueltos.”


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    02 abril 2009

    Rayuela más jazz: Jazzuela

    Marzo fue un mes complicado y me alejé un poco de Subí que te Leo. Pero aquí estoy de nuevo, con algo que hace un tiempo Ella descubrió de casualidad.

    Ya he hablado de Cortázar y su relación con el jazz. Creo que hablé bastante. Quizá esa ligera tendencia a volverme monotemático se deba a que Rayuela y el jazz son clichés a la hora de referirse a Cortázar. Prometo que estaré un tiempo sin tocar el tema, pero ahora quiero hablar una vez más.

    Mientras Marta Minujín preparaba las enormes rayuelas que desplegaría por la 9 de Julio a fines de marzo, Ella deambulaba por Internet. En aquel viaje anárquico por el mundo del hipertexto, descubrió algo que, a los pocos minutos, me envió a mi e-mail. Entonces, leí: ‘Jazzuela’, y sonreí por lo simpático que sonaba el término.

    Jazzuela es un disco-libro que la española Pilar Peyrats, erudita en jazz, publicó en su país en 2001. El disco propone un recorrido musical a través de 22 temas que se mencionan en Rayuela; todos comentados y explicados por la autora.

    Peyrats le dio sonido a Rayuela y propuso una nueva lectura, que se complementa con las que Cortázar había imaginado. Si cada vez que se menciona un tema en el texto de la novela, lo escuchamos mientras seguimos leyendo, ¿qué obtenemos? Ni más ni menos que una experiencia multimedia. Jazzuela es ideal, porque ni siquiera tenemos que ir a buscar los temas, Peyrats los compiló por nosotros.

    Descubrí que un profesor de lengua en su blog propone leer un fragmento de la novela y escuchar jazz:

    Leé un fragmento del capítulo 10 de Rayuela con música de Bix Beiderbecke.

    Después leí un artículo en el que se plantea que el jazz en Rayuela no es sólo un elemento de ambiente, una decoración de contexto de cada personaje. Es más que eso, el jazz interviene en cada personaje, modifica sus acciones. El artículo está escrito por Leslie Bary, profesora en literaturas hispánicas y estudios latinoamericanos.

    Leé aquí la primera parte del artículo Jazz en Rayuela.

    Lamentablemente, Jazzuela no está editado en Argentina. Ojalá alguna editorial se anime a hacerlo. Y si ya lo han hecho, por favor, alguien que me diga dónde comprarlo. Pueden enviarme un e-mail a subiqueteleo@gmail.com

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    01 marzo 2009

    En el fondo, todo inédito sabe que será descubierto

    Febrero tuvo un pequeño boom de inéditos. En los primeros días del mes se conoció la noticia de que en mayo se publicarán textos que por algún motivo Cortázar decidió arrumbar en una cómoda. A fin de mes, la discográfica EMI Music obligó a YouTube a quitar del sitio un registro inédito de los Beatles, la toma veinte de Revolution, que duraba 10 minutos y 47 segundos, y que por algún motivo quedó afuera del Álbum Blanco.

    La entrevista que Jorge Urien Berri le realizó a Adolfo Bioy Casares en 1987, se mantuvo inédita hasta que este sábado 28 de febrero fue publicada en ADN Cultura.

    Si usted es un cazador de materiales inéditos, atentti con el siguiente fragmento de la entrevista: puede darle una valiosa pista sobre una novela que el amigo de Borges decidió descartar.

    Dijo Bioy:
    Muchas veces he dejado libros inconclusos porque iban por mal camino. A los 17 o 22 años era lógico, pero me sucede ahora. El año pasado estaba escribiendo una novela de la que tengo 80 páginas, bastante para un inventor rápido pero un escritor lento, y me di cuenta de que había que dejarla.

    ¿La guardó? —preguntó Urien Berri.

    Ahí está, para que un profesor la descubra cuando uno esté muerto y se entretenga con esas estupideces.
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    21 febrero 2009

    "Es una literatura invasiva, que roe todos los géneros", Álvaro Abós

    A comienzos de enero escribí Antología del crimen, con respecto al libro Asesinos, una robusta antología de cuentos de crímenes seleccionados y traducidos por el escritor Álvaro Abós, que en ese entonces, según anunciaba Vicente Muleiro en Clarín, estaba a punto de lanzar la editorial Adriana Hidalgo.

    Hablé con Álvaro Abós sobre la génesis de su compilación y sobre la literatura del crimen como género. Al igual que El Recomendador, el amigo personal de Subí que te Leo, no pude evitar poner a Álvaro en el problema de hacer un ranking de los mejores autores del género.

    ¿Cuál fue tu primer contacto con la literatura de crímenes?

    Comencé a leer mucho de los cuentos que componen Asesinos en mi adolescencia, allá por los años cincuenta, en plena edad de oro del género policial en Buenos Aires. Cada mes llegaba a librerías y quioscos una nueva entrega de la colección Séptimo Círculo dirigida por Jorge Luís Borges y Adolfo Bioy Casares o de la Serie Naranja de Hachette, seleccionada y a veces traducida por Rodolfo Walsh.
    Mi padre traía a casa revistas como Leoplán o Vea y Lea, semanarios sin ninguna ínfula culturosa pero que solían traer cuentos de estos y otros maestros.

    ¿Cómo surgió Asesinos?

    Llevé a Adriana Hidalgo la siguiente idea: un libro en el que grandes autores que no pertenecen al género, escribieran un cuento en el que indefectiblemente hubiera un crimen. Cuando aceptaron la idea, recorrí mi biblioteca y archivo, fruto de largos años de hurgar en librerías de viejo, búsquedas que últimamente complemento en Internet. Junté tanto material que me alcanzaría para hacer varios tomos más.




    Foto: Marcelo Omar Gómez – La Nación.


    Teniendo en cuenta la colección de policial negro que prometió Mondadori para abril y el éxito de las novelas del italiano Andrea Camilleri y del norteamericano Michael Connelly, ¿creés que se está incrementando el interés por el género?

    Quisiera hacer una precisión: No estoy de acuerdo con la expresión policial negro, me parece una redundancia. Si es policial es negro. Tampoco me convence a esta altura la anticuada división cronológica entre la escuela inglesa y el hard boiled o escuela americana. Prefiero la expresión literatura criminal, que comprende todo: la crónica periodística, el testimonio, la ficcionalización de la historia, la indagación en la mente criminal, el juego intelectual... Como narrador, en mis cuatro novelas y dos libros de cuentos publicados y en la novela que publicaré en 2009, he tratado de desarrollar estas ideas.

    ¿Y qué sucede hoy con la literatura criminal?

    El homicidio o sea el escándalo de que un ser humano mate a otro, es una escena fundadora en la literatura, desde los griegos, pasando por Dante y Shakespeare y siguiendo hasta el día de hoy, en que la violencia es omnipresente en la vida cotidiana, y en los medios. La literatura siempre lo ha reflejado. Creo que lo criminal es central en la ficción que hoy mismo se escribe entre nosotros. Basta ver la lista de los últimos premios de novela, casi todos juegan con lo policial. Se trata de una literatura invasiva, que roe todos los géneros, subgéneros, estilos o tendencia; los motivos son múltiples: desde la generalización de la violencia urbana hasta la necesidad que tienen los lectores de recuperar la intriga, la trama, la narratividad, valores que tanta experimentación literaria no colmaban.

    ¿Podés dar un ejemplo de la literatura argentina?

    El mejor libro escrito en el siglo XIX fue la historia de un crimen político: Facundo, de Sarmiento. En el siglo XX, Borges y Arlt llenaron sus ficciones de crímenes.

    Para terminar, ¿cuáles son los mejores autores de la literatura del crimen?

    Imposible contestar esta pregunta vastísima, por otra parte, cada uno debería hacer su ranking. Modestamente, expongo el mío: En el siglo XIX, Joseph Conrad. En el siglo XX, Leonardo Sciascia y en América Latina, Fernando del Paso y Rubem Fonseca.



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    12 febrero 2009

    25 años sin Julio: apuntes a modo de rayuela

    Estuve buceando. Metí mi nariz aquí y allá y, adelantándome a las 300 que Marta Minujín instalará sobre la 9 de Julio el 21 de marzo, saqué en limpio estos apuntes a modo de rayuela.





    Tierra



    1. Nace en Bruselas, Bélgica, apenas dos meses después del asesinato del heredero austrohúngaro que detonó la Primer Guerra Mundial. Dijo Julio una vez: “Fue un nacimiento sumamente bélico. Lo cual dio como resultado a uno de los hombres más pacifistas que hay en este planeta".

    2. A los cuatro años Julio regresa a Argentina y se instala en Banfield. “Como todo pibe me olvidé del francés en una semana y comencé a hablar español”, dijo marcando suavemente las “r” en 1973; jamás pudo deshacerse de aquel acento francés de la infancia.

    3. Entre 1939 y 1945, fue maestro en dos escuelas al borde de La Pampa, en Bolívar y Chivilcoy. En 1945 enseña literatura francesa en la Universidad de Cuyo, pero deja el cargo en 1946 cuando la universidad huele demasiado a un peronismo fascista.

    4. Ese mismo año se publica Casa tomada en la mítica revista Sur. Cinco años después, la historia de Irene y su hermano abriría Bestiario, el primer libro de cuentos que publicó.

    5. En 1951 se mudó a París. Años después, de visita en Argentina, le preguntaron por qué no vivía en Buenos Aires, Julio respondió cortésmente: “Yo estoy viviendo aquí, porque me da la impresión de que los ocho o diez libros que llevo escritos son libros muy argentinos. No hubiera podido escribirlos sin estar, en lo entrañable, viviendo aquí.”

    6. En 1955 se casa con Aurora Bernárdez, su primera mujer y la primera en leer Rayuela, la extraordinaria novela que se publicó en 1963. Dijo Julio en una carta: “Su opinión del libro puedo quizá resumírtela si te digo que se echó a llorar cuando llegó al final”.

    7. En 1973, Abelardo Castillo conoce a Cortázar. Recuerda Castillo: “Lo que nos asombró ese día fue no encontrar en Cortázar el humor de su libros, o el de Cronopios o el de algunos capítulos de Rayuela. Era un alto señor muy serio, casi circunspecto, muy tímido, que hablaba en voz muy baja y, cuando reía, se tapaba la boca con la mano. No habló mal de ningún escritor argentino, cosa muy rara entre escritores argentinos, aunque yo creo que, en parte, lo hacía por astucia, no por las mismas razones por las que Marechal nunca hablaba mal de nadie, Cortázar se cuidaba un poco, por su condición de argentino a medias”. Sin embargo, cuenta Castillo, cuando comieron en algún bodegón de la calle 25 de Mayo “apareció el verdadero Cortázar. Después de dos copas de vino, el humor de Cortázar era irrefrenable. Estaba hecho de cosas mínimas como las que a veces ponía en sus libros.”

    8. Seis años después de aquel encuentro en Buenos Aires con algunos amigos escritores, Julio se casó con la última de sus tres mujeres, la escritora canadiense Carol Dunlop. Ese mismo año viajó a Nicaragua y se comprometió a apoyar la Revolución Sandinista. No era la primera vez que Cortázar mostraba su costado político: en 1962 había viajado a Cuba para apoyar la Revolución Cubana.

    9. En 1983 Julio regresa a Buenos Aires en un momento clave: Argentina renacía después de siete años de dictadura. Con respecto al gobierno que se venía, señaló: “Tiene que haber una crítica, una crítica generosa, que no sea una crítica desgraciada para jabonarle el piso al gobierno. Porque si la oposición al gobierno es una oposición negativa, los milicos van a volver a salir, aunque parezca impensable ahora”.



    Cielo



    Desde hace 25 años, Julio Cortázar vive ahí, en el último casillero, en el final de su propia rayuela.



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    05 febrero 2009

    El swing en palabras

    Desde hace un mes estoy leyendo poco a poco Jazz al sur, la historia de la música negra en Argentina que el historiador y escritor Sergio Pujol publicó por primera vez en 1992. En 287 páginas, Pujol cuenta con una sencillez, claridad y ritmo envidiable, la historia del género en nuestro país: sus músicos, sus estilos, tendencias, influencias extranjeras y el contexto social y cultural. Un trabajo formidable y muy necesario para nosotros, los humildes aficionados.


    Como música popular, desde comienzos del siglo XX el jazz le inyectó un poco de swing a una Buenos Aires que sólo bailaba y transpiraba tango. El contagio al resto de los ámbitos de la cultura y el arte, fue inevitable. Es interesante ver un poco cómo pegaba el jazz en la literatura.

    Para definir la percepción que se tenía del género en los años 20, Pujol reproduce unas líneas de Roberto Gache, un cronista de la noche.

    Escribió Gache:

    Son cinco o seis señores que, en silencio y con aire aburrido, nos miran comer desde la pequeña y filarmónica altura en la que se hallan. Es sin embargo la de ellos una falsa calma. Porque de pronto, a una señal de su director, estos cinco hombres de apariencia inofensiva se lanzan en incontenible furia a sacar a cual más todo el ruido posible de sus instrumentos. Es el paroxismo musical. El delirium tremens de la armonía.
    En la década siguiente, el poeta Rául González Tuñón pintaba su visión del jazz en el poema Jazz-Band, publicado en el libro La calle del agujero en la media. Los hombres de jazz en ese poema no miraban a los comensales desde una filarmónica altura, sino más bien desde una tarima improvisada en una cantina de puerto, entre el humo, los vapores del alcohol barato, las prostitutas y, por supuesto, los marineros. Allí, el jazz era un tónico para la vida.

    Algunos pases que escribió Tuñón:

    Abre las piernas, descontorsiónate en el chárleston
    epiléptico y bullicioso, reconcíliate con la vida que una nueva alegría me ha venido a los ojos y un nuevo deseo me ha venido a las manos.

    (…)

    Prepara el sonoro cocktail y recién mañana me hablarás de
    la guerra, de los obuses que caen de los astros, de la trinchera fangosa y los tanques que escupen la muerte.

    (…)

    El jazz latiendo su sonido irregular, loco, sobre la tarima, es el corazón del tiempo.
    Varios años después, en 1959, el jazz ya había mutado: cambiaron los ritmos, las formaciones, y una hermosa desfachatez estilística gobernaba a los mejores músicos.


    En Subí que te Leo ya hablamos de El perseguidor, el cuento que Julio Cortázar publicó en 1959, en su libro Las armas secretas, y que representa una oda literaria al excepcional saxofonista Charlie Parker.

    El cuento demuestra que Cortázar entendía perfectamente qué le pasaba a un aficionado cuando escuchaba jazz, sencillamente porque él sentía eso mismo en carne propia.

    Escribió Julio:

    Decidí no tocar la segunda edición del libro, seguir presentando a Johnny como lo que era en el fondo: un pobre diablo de inteligencia apenas mediocre, dotado como tanto músico, tanto ajedrecista y tanto poeta del don de crear cosas estupendas sin tener la menor conciencia (a lo sumo un orgullo de boxeador que se sabe fuerte) de las dimensiones de su obra. Todo me inducía a conservar tal cual ese retrato de Johnny; no era cosa de crearse complicaciones con un público que quiere mucho jazz pero nada de análisis musicales o psicológicos, nada que no sea la satisfacción momentánea y bien recortada, las manos que marcan el ritmo, las caras que se aflojan beatíficamente, la música que se pasea por la
    piel, se incorpora a la sangre y a la respiración, y después basta, nada de
    razones profundas.

    No cabe duda, el jazz invadió el arte y lo cambió para siempre: la pila de años de historia de un género aún vivo, el libro de Pujol, las palabras de Tuñón, de Cortázar y, sobre todo, la alegría de generaciones y generaciones de aficionados en el mundo, lo confirman.
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    27 enero 2009

    Un poco de El interior de Martín Caparrós

    Fin de semana de paseo con ella, en un hotel de campo a tres kilómetros de San Antonio de Areco. Algo de pileta, sol, cotorrerío de gallos y pavos y las miradas sin gesto de las vacas. Fueron dos días y una noche en La posta de Vagues, un sitio en el que el tiempo es liviano como una camisa secándose al sol. Ella me regaló esos días y jamás voy a dejar de agradecer ese gesto de amor y esa excelente idea.

    Además de campo, silencio y quietud, La posta de Vagues tiene una hermosa mesa de pool, juegos de mesa y una pequeña biblioteca que me acerqué a revisar, debo admitir, sin mucha esperanza; nadie deja libros buenos a merced de las manos rápidas de algunos pasajeros. Encontré novelas de títulos que no me decían nada y de autores que tampoco me decían nada. Uno o dos libros sobre autos, viejas enciclopedias repletas de fotografías, dos novelas de Agatha Cristhie y algunas novelas en inglés que descarté de inmediato. Entre todo eso, saltó a mis ojos un libro gordo, del que había oído hablar hacía un tiempo.

    Leí: El interior de Martín Caparrós. Es un librote de seiscientas páginas y miles de kilómetros de crónicas de viaje por Argentina, que Planeta publicó en 2006. Incliné la cabeza hacia la izquierda y lo tomé prestado. Mi falta de esperanza frente a la biblioteca, se había convertido en cierta expectativa ante el libro de Caparrós. Pero cuando lo abrí, comenzó la decepción

    Una mala edición: el libro tenía hojas en blanco que interrumpían la lectura. Entre la 36 y la 39 había dos hermosas hojas que hubieran atravesado sin dificultad el desafío de la blancura. A lo largo del libro esto se repetía.

    Las páginas en blanco no me decepcionaron. El punto es que de Caparrós me esperaba otra cosa. Me esperaba crónicas más ágiles y mejor escritas. Me topé con varias palabras que faltaban (pasa en las mejores familias) y con una cadencia de cuaderno de apuntes que no está mal, pero que no la esperaba de él: las crónicas que leí no parecían tener estructura clara.

    Más de una vez tuve la sensación de que el relato tuviera saltos, inconsistencias propias de los sueños: abría la puerta de mi dormitorio y de pronto estaba en un parque de diversiones. Las voces de los personajes no tenían límites claros, se mezclaban con la del narrador, que por momentos desaparecía.

    No suelo hacer crítica, pero estoy decepcionado. Son seiscientas páginas que me suenan más a anecdotario que a crónica. El contenido es muy interesante y muchas veces es sorprendente y revelador de mundos tan cercanos y tan desconocidos. Pero le falta clima. Evidentemente, Caparrós prefirió no echarle mano a los recursos literarios. Qué pena, me hubiera gustado vivir un poco lo que él había vivido.
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    10 enero 2009

    Antología del crimen

    Una nota de Vicente Muleiro publicada el viernes 9 en la versión digital de la Revista Ñ, anuncia la edición de "Asesinos"( Adriana Hidalgo), una antología de cuentos en los que, por supuesto, el crimen es la sustancia que ensalsa cada narración. No encontré una foto del libro ni el detalle completo de la selección que realizó el escritor Álvaro Abós .

    La selección abarca una amplia ventana de tiempo, por eso Muleiro dice que se encuentran grandes autores del canon universal: Victor Hugo, Thomas de Quincey, Arthur Conan Doyle; así como también Abós le hace lugar a la narrativa rioplatense (Paul Groussac, Ricardo Güiraldes y Horacio Quiroga) influenciada por los cuentos de Poe, el padre del género policial enigma en el siglo XIX.

    Escribe Mueleiro:

    El crimen como posibilidad de saldar la brecha personal o social con el otro. El
    crimen pasional. La muerte programada institucionalmente por el Estado ante
    quien ha juzgado transgresor de sus leyes. La muerte programada solapadamente
    por el Estado ante quien ha entrevisto amenazante. El asesinato como oscura
    reivindicación, como retorcida afirmación existencial. El asesinato cometido
    como reivindicación política o reparación. El homicidio planificado. El
    homicidio de apariencia casual.
    Leí: “El asesinato como oscura reivindicación, como retorcida afirmación existencial” y recordé inmediatamente “El general hace un lindo cadáver” (1956), el cuento de Enrique Anderson Imbert, que no sé si Abós ha querido incluir en la antología.

    Al comienzo del relato, el narrador cuenta cómo el cirujano Alfonso Quiroga deviene en criminal, curiosamente, a partir de un exceso de lectura y de la ocurrencia de una idea ambiciosa y macabra. Disfruten el comienzo:

    En un lugar de Sudamérica, de cuyo nombre no quiero acordarme, no ha mucho
    tiempo vivía un cirujano cincuentón, tan rico que no necesitaba trabajar. En los
    ratos de ocio, que eran los más del año, se daba a leer novelas de detectives.
    Se enfrascó tanto en su lectura que se le pasaban las noches leyendo de claro en
    claro y los días de turbio en turbio; y así, del poco dormir y del mucho leer,
    se le secó el cerebro de manera que perdió el juicio. Se le llenó la fantasía de
    todo aquello que leía en los libros; y vino a dar en el más extraño pensamiento
    que jamás dio loco en el mundo, y fue que, picado porque en todas las novelas
    que leía la justicia acababa siempre por descubrir al delincuente, decidió
    cometer un crimen tan perfecto que a él sí que no lo descubrirían.
    Para los que nunca leyeron el cuento, sólo puedo decirles que finalmente elige un hombre y comete el crimen perfecto. Pero tranquilos, eso no revela nada, el cuento va más allá de ese crimen. No suelo contar finales, no suelo ser esa clase de criminal.

    Muleiro escribe al cierre de su nota:

    El volumen es, al fin y al cabo, un gran homenaje a la circulación de una
    literatura que tuvo entre nosotros y desde el siglo antepasado, enérgicos
    difusores y traductores que entendieron la frase de Oscar Wilde que cierra su
    cuento Pluma, lápiz y veneno. Estudio en escarlata: "No hay acto más importante
    que el de inspirar a la ficción"
    Me quedé con ganas de saber si la antología ya está en la calle o estará muy pronto. Si cuenta con un prólogo de Abós (imagino que sí) y qué plantea sobre el criterio de selección: en qué pensó al elegir esos cuentos y no otros; por qué dejó afuera a los que dejó afuera, etc.

    Esperaré a tenerlo en mis manos...
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