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07 mayo 2012

Los 7 años de gloria de Juan Duarte

Hace unos años escribí (para papel) este breve perfil de uno de los 'amigos del poder' más particulares. Hace poco, revolviendo cosas viejas lo vi y, hoy, a 93 años del nacimiento de su hermana Eva, lo comparto.


Desde 1946 hasta su muerte en 1953 fue como un Isidoro Cañones de carne y hueso. Pero mientras el personaje de historieta se levantaba para el almuerzo y le mangueaba dinero a su tío, un coronel retirado, Juan Ramón Duarte se despertaba muy temprano y organizaba la agenda de su cuñado presidente de la nación, Juan Domingo Perón.

Era el hermano de Eva Perón y no necesitaba manguear si quería continuar la farra, sólo le bastaba aferrarse todo lo posible a las polleras de su hermana. Así, durante esos siete años vivió a sus anchas: el poder y el dinero lo convirtieron en un von vivant contratado por el Estado.

De noche, jet set. Buena comida, alcohol, mujeres hermosas del mundo del espectáculo, codicia y enormes negocios turbios. De día, almuerzo con embajadores, empresarios, ministros y generales; reuniones, actos públicos, la ovación de las multitudes. Con la agenda presidencial en sus manos, Juan Duarte tenía el mundo a sus pies. Su cargo como secretario de Perón lo volvió cada vez más poderoso, conocía a los que tenía que conocer, hacía favores y los cobraba.

A pesar de su bajo nivel educativo, hacía negocios con una velocidad sorprendente. Hizo fortuna con cadenas de hoteles, carne, estudios cinematográficos, empresas de turismo, studes, pozos petroleros, buques, campos y varias estancias. Por supuesto, nada de eso llevaba su nombre; Juan se movía como un pulpo en agua turbia.

Pero la muerte de Evita en 1952 puso un punto final a los negocios y las andanzas. Sin su hermana no había protección. Ahora todos lo miraban con desconfianza, se hacían fuertes los rumores de corrupción y comenzaban a sospechar.

En algún momento de la madrugada del 9 de abril de 1953, Juan Duarte escribió una carta de despedida para el general Perón. Le transmitió su devoción y le aseguró que nunca había dejado de ser honesto. Sin embargo, bajo la firma le pedía perdón por todo. Probablemente un rato después oyó el disparo que acabó con la gloria. Lo encontraron con un balazo en la cabeza y la carta junto a él, sobre la mesa de luz.



Yapa: 

Trailer de "Ay Juancito", la película de Héctor Olivera que reprodujo las farras de este muchacho desmadrado.

(Video. 1:58)

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20 noviembre 2011

Litto Nebbia: el Louis Armstrong del rock


Escribí esta crónica en junio de 2010. Me dieron ganas de desempolvarla y aquí está. No está escrita para la Web, espero la aguanten sobre la pantalla; y si no, pueden imprimirla ;)

Uno de los padres del rock nacional es un gran amante y erudito del jazz. A lo largo de las dos charlas que tuve con él intenté iluminar su lado jazzero y conocer cómo lo fue aplicando al rock. 

Fuente de la imagen: goodnews.com.ar


Ahí, en un extremo de la mesa, a la derecha de Luciano Galende y con la rutina del programa entre sus brazos, Litto Nebbia deja de lado al músico y juega, por un rato, al panelista de 6, 7, 8. El tema del día es el supuesto fracaso del análisis de ADN de Marcela y Felipe Noble. Por eso, en el extremo opuesto, Estela de Carlotto, presidenta de la Asociación de Abuelas de la Plaza de Mayo, se lleva el protagonismo. Nebbia escucha, opina, hace algún comentario gracioso, mira los informes, dice que el caso es penoso, que parece una película de Fellini.

-Me gusta lo que hacen estos tipos —me dice, minutos después, durante el apretón de manos.

Estamos en el primer corte. Nebbia se para frente a Alex, su mujer, y le pide que corrobore que el maquillaje esté bien. Tose. Tose varias veces, como si se hubiera estado aguantando mientras estaba al aire. Acaba de recuperarse de una gripe muy fuerte, pero se lo ve bien. Parece mentira que hacía menos de una semana su respuesta por e-mail comenzaba: “Aquí estoy, tirado como bolsa de papas”.  Aunque no hacía falta, Alex acomoda con dulzura el pañuelo que le protege el cuello. Nebbia mira hacia la mesa.

-Si no le ponés ritmo a un programa de noticias sos un boludo, por eso me gustan —dice en tono reflexivo.

Lo sigo con la mirada mientras vuelve a su lugar del panel. 6, 7, 8 está regresando de la tanda. Siete crisantemos, de Joaquín Sabina, suena fuerte en el estudio. Al aire, pasan las diapositivas con fotos que enviaron los televidentes desde alguna parte. Nebbia revisa la rutina al tiempo que su mano derecha ejecuta las notas de un piano imaginario, hasta que abruptamente una voz grita: “Aire”.
Aquellos yeites en el piano imaginario, que se repitieron otras veces, y su reflexión sobre el ritmo del programa, me revelaron súbitamente una explicación posible sobre la materia prima de su talento compositivo: Félix Francisco Nebbia fundó el rock nacional a partir de la escuela musical de sus padres y el amor al jazz.  

“Tuve el destino de que mis viejos me tiraran hacia esta profesión. Obedecí siempre y tiré con ellos, como un juego”, me cuenta por e-mail. Martha Corbacho, su madre, fue de algún modo la responsable de la formación técnica. Era una concertista de piano educada en conservatorio, que sin embargo, utilizó su formación clásica para hacer música popular. Félix Nebbia padre, también músico, era un bohemio que su hijo en una entrevista calificó como autodestructivo. Murió joven en 1968, cuando Litto ya se había consagrado con Los Gatos. Sin embargo, vivió el tiempo suficiente para insuflar en la sangre de su hijo algunas células de jazz, las más importantes. “Dos amigos de mi viejo me regalaron un disco de Chico Hamilton (baterista de jazz) —recuerda—. Todavía lo conservo. Siempre que lo escucho pienso en cómo hacía para tocar así”.

6, 7, 8 hace su cierre en lo que ellos llaman el living, un largo banco en forma de semicírculo. Allí los panelistas y el conductor se sientan frente al público y comienza una ronda breve de preguntas. Nebbia habla de su homenaje a las canciones y artistas de la primera década del rock nacional: el box set de nueve discos Una celebración del rock argentino. Con apoyo económico de la Secretaría de Cultura de la Nación, convocó a más de cien músicos para reversionar casi una centena de canciones legendarias, a las que sumó doscientas páginas  de anotaciones.

Litto tiene swing
El jazz tiene dos elementos clave: la improvisación y el swing. La improvisación en la música significa componer e interpretar al mismo tiempo. El swing, ubicado en el banquillo del ritmo, es el alma y la savia, y a su vez un misterio. Jamás se llegó a una definición consensuada. Algunos escritores del género afirman que lo inventó el trompetista Louis Armstrong (Satchmo), pero también están los que dicen que él sólo se llevó los honores, porque el swing estaba en el aire desde antes. Luis María “Bicho” Casalla describe una imagen muy clara del swing a partir del concepto norteamericano buoyancy: : “La boya flota y se balancea, y la idea es que la música tocada con liviandad, flotabilidad y balanceo, es música swing”. 
 

¿Qué tiene que ver el swing y la improvisación con Litto Nebbia? Mucho. Desde que comenzó a componer, cuando tenía menos de quince años, y cada vez que volvió a escribir, surgió de él una suerte de impulso creador de canciones en el que letra y música aparecerían en simultáneo. La balsa, considerado el primer tema del rock nacional, fue compuesta a dúo con Tanguito en el baño de caballeros de la pizzería La Perla de Once. En más de una entrevista Nebbia explicó que simplemente agarró la guitarra y completó de un tirón el primer verso que había pensado su amigo al tiempo que le ponía música.

- Las músicas de todo el mundo tienen improvisación —dice. Luego sonríe y agrega—: Sería algo así como que el jazz está por todos lados.

Estábamos cómodos, casi arrellanados en un sillón blanco de la recepción de Canal 13. Eran las cuatro de la tarde y se veía venir la lluvia. Nebbia, sin embargo, aún seguía con anteojos negros.
-Me acostumbré de pequeño a improvisar y finalmente inventar melodías. Cuando lo hacés durante mucho tiempo, lo internalizás al punto que se convierte en una técnica.

Apareció una mujer delgada. Se presentó como Laura, asistente de producción de Tiene la palabra, y dijo que estaba para ayudarnos con lo que necesitáramos. La seguimos a través de los pasillos hasta la sala de maquillaje. Nebbia se ubicó donde le indicaron y una muchacha de pelo muy largofue encima de su cara. Durante cinco minutos lo llenó de polvo, luego se incorporó y esperó la conformidad. Él pidió un peine, ella señaló hacia atrás: “En el sector peluquería”, dijo. Mientras Nebbia se cepillaba su corta y fina melena, otra vez apareció Laura. Informó que faltaban algunos minutos para el comienzo de la grabación e invito a que esperásemos en un camarín.

Si no fuera por las sillas de oficina, el espejo de punta a punta con mostrador, la luz fría e intensa, el camarín tranquilamente pasaría como un vestidor recién pintado. Nos ofreció un café, aceptamos y cerró la puerta.

-Si me escucharas tocar, pensarías que soy netamente un músico de jazz —dice—, pero no lo soy. No porque no sepa hacerlo, sino porque me la pasé tocando otras cosas.

Nebbia es preciso en sus palabras, no quiere que se mal interpreten. Si bien es cierto que no es un músico de jazz, no puede renunciar al género. Dice que siempre fue autodidacta y, aunque no utiliza el término, un improvisador.

La parte más jazzera de su vida, en la década del setenta, coincidió con la parte más oscura: su música fue prohibida, él perseguido y encarcelado, por lo que finalmente logró exiliarse en México. En 1974 formó un trío con dos músicos de jazz: Néstor Astarita (batería) y Jorge González (contrabajo), quienes cuatro años después fundaron uno de los míticos boliches que sobrevivieron la última dictadura: Jazz&Pop. Allí, antes de exiliarse, Nebbia tocaba habitualmente con los dueños de casa y con Dino Saluzzi, y los domingos, con cualquiera que se atreviera a improvisar en una jam session.

-Cuando me encontré con Jorge y Néstor, que me llevaban diez años y venían de un circuito alejado del rock, mi consigna siempre era: toquemos con espíritu jazzístico.
La tos seca lo interrumpe un instante.

-Cada uno aportaba lo suyo —continúa— y quizás se escuchaba como jazz tradicional, pero por ahí era un tema que había compuesto hacía una semana.

Néstor Astarita coincide con ese recuerdo y se lamenta: “Como Litto es un enamorado de la melodía, nunca quedó plasmado en un disco lo que hacíamos en vivo en el boliche o en los recitales. Llegábamos a una actuación y, a veces, él le daba a Jorge un papelito con los acordes de un tema nuevo que quería que tocáramos. Obviamente, ni lo ensayábamos, simplemente subíamos al escenario, Litto arrancaba y le dábamos para adelante en base a la melodía”. 

Laura deja la bandeja con dos cafés y promete regresar pronto para llevarnos al estudio. Nebbia se encarga del azúcar.

-Jazz&Pop era un lugar con un espíritu musical inigualable —dice mientras revuelve—, fue parte de esas cosas que se dan muy pocas veces en la vida.

Para llegar al estudio de Tiene la palabra bajamos, junto con Laura, en un ascensor en el que podría haber cabido una escola do samba. Ni bien entramos, Nebbia saludó a los conductores, Luis Otero y Lorena Maciel, que esperaban junto a los tres panelistas y un público de estudiantes universitarios que se limitó a aplaudir. Luego se ubicó en la silla del entrevistado al tiempo que otra productora cargaba su copa con agua. 

El programa pasó rápido, Nebbia contó anécdotas, miró viejas filmaciones de Los Gatos, fragmentos de un concierto en México, y se rió junto a los panelistas. Una hora después estábamos en un ascensor más pequeño; viajamos hombro con hombro. En el auto que lo llevaba de regreso a su casa, continuamos la charla que habíamos empezado en el camarín.

En alguna parte del camino aparecieron sus obsesiones con los discos. Dice que alcanzó los veintisiete mil y que los tiene ordenados alfabéticamente. Miles Davis y John Coltrane son sus jazzmens favoritos, tiene ciento cincuenta discos del primero y setenta del segundo. Colecciona grabaciones y lee sobre la vida de los músicos. Es un fanático.

Me bajo del auto con muchas recomendaciones de discos y una certeza: Nebbia no inventó el swing, ya estaba inventado. Pero aplicó ese concepto jazzístico al rock argentino y, al igual que Sachtmo, logró que un gran público se viera hechizado por la melodía y sintiera balancear la cabeza.
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24 marzo 2008

Las letras que acabaron en sangre

En el primer aniversario del golpe militar del 24 de marzo de 1976, Rodolfo Walsh, envió “Carta abierta de un escritor a la Junta Militar” a las redacciones de diarios locales y extranjeros. Al día siguiente fue secuestrado y desde entonces se encuentra en la larga lista de los desaparecidos.

Ningún medio local publicó la carta, pero sí fue difundiéndose de a poco en el extranjero.

Algunos fragmentos para que a 32 años sigamos haciendo memoria.

La censura de prensa, la persecución a intelectuales, el allanamiento de mi casa en el Tigre, el asesinato de amigos queridos y la pérdida de una hija que murió combatiéndolos, son algunos de los hechos que me obligan a esta forma de expresión clandestina después de haber opinado libremente como escritor y periodista durante casi treinta años.

(…)

Mediante sucesivas concesiones al supuesto de que el fin de exterminar a la guerrilla justifica todos los medios que usan, han llegado ustedes a la tortura absoluta, intemporal, metafísica en la medida que el fin original de obtener información se extravía en las mentes perturbadas que la administran para ceder al impulso de machacar la sustancia humana hasta quebrarla y hacerle perder la dignidad que perdió el verdugo, que ustedes mismos han perdido.

(…)

Veinticinco cuerpos mutilados afloraron entre marzo y octubre de 1976 en las costas uruguayas, pequeña parte quizás del cargamento de torturados hasta la muerte en la Escuela de Mecánica de la Armada, fondeados en el Río de la Plata por buques de esa fuerza, incluyendo el chico de 15 años, Floreal Avellaneda, atado de pies y manos, "con lastimaduras en la región anal y fracturas visibles" según su autopsia.
Un verdadero cementerio lacustre descubrió en agosto de 1976 un vecino que buceaba en el Lago San Roque de Córdoba, acudió a la comisaría donde no le recibieron la denuncia y escribió a los diarios que no la publicaron. (Carta de Isaías Zanotti, difundida por ANCLA, Agencia Clandestina de Noticias.)

(…)

Estos hechos, que sacuden la conciencia del mundo civilizado, no son sin embargo los que mayores sufrimientos han traído al pueblo argentino ni las peores violaciones de los derechos humanos en que ustedes incurren. En la política económica de ese gobierno debe buscarse no sólo la explicación de sus crímenes sino una atrocidad mayor que castiga a millones de seres humanos con la miseria planificada.
En un año han reducido ustedes el salario real de los trabajadores al 40%, disminuido su participación en el ingreso nacional al 30%, elevado de 6 a 18 horas la jornada de labor que necesita un obrero para pagar la canasta familiar (Unión de Bancos Suizos, dato correspondiente a junio de 1976. Después la situación se agravó aun más), resucitando así formas de trabajo forzado que no persisten ni en los últimos reductos coloniales. Congelando salarios a culatazos mientras los precios suben en las puntas de las bayonetas, aboliendo toda forma de reclamación colectiva, prohibiendo asambleas y comisiones internas, alargando horarios, elevando la desocupación al récord del 9% prometiendo aumentarla con 300.000 nuevos despidos, han retrotraído las relaciones de producción a los comienzos de la era industrial, y cuando los trabajadores han querido protestar los han calificados de subversivos, secuestrando cuerpos enteros de delegados que en algunos casos aparecieron muertos, y en otros no aparecieron.
Los resultados de esa política han sido fulminantes. En este primer año de gobierno el consumo de alimentos ha disminuido el 40%, el de ropa más del 50%, el de medicinas ha desaparecido prácticamente en las capas populares. Ya hay zonas del Gran Buenos Aires donde la mortalidad infantil supera el 30%, cifra que nos iguala con Rhodesia, Dahomey o las Guayanas; enfermedades como la diarrea estival, las parasitosis y hasta la rabia en que las cifras trepan hacia marcas mundiales o las superan. Como si esas fueran metas deseadas y buscadas, han reducido ustedes el presupuesto de la salud pública a menos de un tercio de los gastos militares, suprimiendo hasta los hospitales gratuitos mientras centenares de médicos, profesionales y técnicos se suman al éxodo provocado por el terror, los bajos sueldos o la "racionalización".
Basta andar unas horas por el Gran Buenos Aires para comprobar la rapidez con que semejante política la convirtió en una villa miseria de diez millones de habitantes. Ciudades a media luz, barrios enteros sin agua porque las industrias monopólicas saquean las napas subterráneas, millares de cuadras convertidas en un solo bache porque ustedes sólo pavimentan los barrios militares y adornan la Plaza de Mayo, el río más grande del mundo contaminado en todas sus playas porque los socios del ministro Martínez de Hoz arrojan en él sus residuos industriales, y la única medida de gobierno que ustedes han tomado es prohibir a la gente que se bañe.

(…)

Si una propaganda abrumadora, reflejo deforme de hechos malvados no pretendiera que esa Junta procura la paz, que el general Videla defiende los derechos humanos o que el almirante Massera ama la vida, aún cabría pedir a los señores Comandantes en Jefe de las 3 Armas que meditaran sobre el abismo al que conducen al país tras la ilusión de ganar una guerra que, aún si mataran al último guerrillero, no haría más que empezar bajo nuevas formas, porque las causas que hace más de veinte años mueven la resistencia del pueblo argentino no estarán desaparecidas sino agravadas por el recuerdo del estrago causado y la revelación de las atrocidades cometidas.

Estas son las reflexiones que en el primer aniversario de su infausto gobierno he querido hacer llegar a los miembros de esa Junta, sin esperanza de ser escuchado, con la certeza de ser perseguido, pero fiel al compromiso que asumí hace mucho tiempo de dar testimonio en momentos difíciles.

Rodolfo Walsh. - C.I. 2845022
Buenos Aires, 24 de marzo de 1977.

(Incluida en “Operación Masacre”. 1957)
Texto completo de Carta abierta de un escritor a la Junta Militar.
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