Juan Cruz de Urquiza tocó Kind of Blue

Mi amigo El Juli, trompetista lampiño, me reenvío un e-mail y escribió: “Me llegó esto, no sé si es cierto”. El texto debajo anunciaba que Juan Cruz de Urquiza tocaría temas de Kind of Blue en el hall del Teatro San Martín.

Será cuestión de chequear e ir, le respondí.

Resultó ser cierto y el viernes pasado, a las 19, estuve sentado con las piernas cruzadas como indio en el hall del teatro.


Juan Cruz de Urquiza. Foto: sitio oficial de Juan Cruz de Urquiza.


Durante un poco menos de una hora, Juan Cruz de Urquiza y un sexteto impecable de excelentes músicos, la mayoría reconocidos, nos transportó 50 años atrás y colmó el aire de Kind of Blue.

Junto a Juan Cruz de Urquiza, tocaron:


  • Rodrigo Domínguez (saxo tenor)
  • Ricardo Cavalli (saxo alto)
  • Diego Schissi (piano)

  • Guillermo Delgado (contrabajo)
  • Oscar Giunta (batería)
  • Al comienzo se oyó un yeite del contrabajo de Delgado y nadie dudó, se trataba de So what, el tema que abre el disco de Miles Davis. Luego de una breve presentación del sexteto, tocaron Freddie Freeloader.

    El público aplaudió cada solo, excepto en Blue in green, el tercer tema que cambió por completo el clima, al punto que no sólo el teatro, sino hasta en Corrientes hubo silencio absoluto para que la trompeta lo inundase todo.

    En All blues Giunta demostró que es un baterista versátil y con mucho swing; aunque por momentos parece cebarse más de lo que la atmósfera del tema exige.

    Finalmente, sonó Flamenco sketches y la magia de Kind of Blue se diluyó con el último acorde de un sexteto que estuvo a la altura de la música que se propuso interpretar. Gracias, Juan Cruz.

    Algo más

    Vintage Jazz Band en la UTN

    Todos los primeros viernes de cada mes hay jazz en la sede Medrano de la Universidad Tecnológica Nacional (UTN). Una excelente oportunidad para sacar de un tirón el cable que te conecta con el trabajo.

    En el Aula Magna, a metros de la entrada de Medrano 951, este viernes 5 de junio a las 20.30 escucharemos a la Vintage Jazz Band.

    La banda promete un repertorio de clásicos ejecutados por una suerte de dream team:

    • Esteban Garvie (trompeta)
    • Alfredo Desiata (saxo soprano)
    • Juan José Zentilini (trombón)
    • Ricardo Pereyra (piano)
    • Mariano Tito (contrabajo)
    • Oscar Linero (batería)
    Oscar Linero (padre) y Ricardo Pereyra han compartido escenario en la Creole Jazz Band, que tocó el primer viernes de abril.

    Disfrutá el sólo de batería que hizo Linero aquel día. Quizá sea un adelanto de lo que sucederá este próximo viernes. ¿Habrá bailarines como los que dibujaron pasos de swing mientras sonaba la Creole?



    Algo más

    La novela ausente: La huella del crimen

    Hace unos días compré La huella del crimen, de Raúl Waleis, la primera novela policial escrita en lengua española, que inauguró el género en Argentina. A pesar de que fue publicada por primera vez en 1877, nunca fue reeditada hasta hoy; un maravilloso rescate de la editorial Adriana Hidalgo.

    La cuidadosa y erudita edición es de Román Setton, quien escribió además el prólogo, las notas, y un posfacio realmente imperdible.

    La huella del crimen fue publicada por primera vez como folletín en el diario La Tribuna, entre julio y agosto de 1877. Fue una publicación en 22 entregas. Cada uno de los episodios había sido cortado por la tijera del espacio, en ningún momento los editores de La Tribuna siguieron la lógica del suspenso de la novela, como solía hacerse con los folletines. Posteriormente, fue publicada completa en un libro.

    Algunos apuntes sobre el criterio de esta edición, según Setton:


  • “Nuestro propósito fue seguir la edición original con la mayor fidelidad posible, y por ello preservamos las peculiaridades de las variedades lingüísticas de la época así como cuestiones que conciernen al idiolecto o al estilo.”



  • “Se unificaron y modernizaron la ortografía y puntuación, a la vez que se eliminaron las abundantes erratas presentes en ambas versiones.”


  • Sin embargo, más adelante Setton señala que en pos de mantener las peculiaridades y riquezas del texto “hemos consentido cierto uso anticuado y expresivo de la puntuación”.


    Una novela ausente

    Después de 132 años, vuelve a salir a la luz una novela que por algún extraño motivo había quedado en un rincón casi olvidado de la literatura argentina.

    Comenta Setton:

    “Hasta el momento de esta publicación, existía un único ejemplar íntegro del libro, sólo accesible para investigadores registrados”.

    Lo último que se supo de La huella del crimen fue en 2007, gracias a que Vicente Battista publicó un conjunto de relatos bajo ese mismo título, en un declarado homenaje a Waleis.

    Según Setton, en diferentes textos sobre literatura argentina siempre se habló de la novela en base a interpretaciones de otros, por dos motivos: porque nadie entonces pareció haber recorrido sus páginas y porque la historia del policial en argentina siempre ha sido enfocada desde la influencia del género en lengua inglesa, mientras que la obra de Waleis se inscribe en el policial francés de folletín.

    ¿Quién fue Raúl Waleis?

    Un impostor. En realidad Raúl Waleis es un anagrama de Luis V. Varela (1845 – 1911), quien por algún motivo prefirió escabullirse en ese seudónimo para escribir una trilogía: La huella del crimen, Clemencia (¿será reeditada también por Adriana Hidalgo?) y Herencia fatal, de la cual no se tiene ningún dato, probablemente ni siquiera la llegó a escribir.

    Al igual que su obra, la trayectoria y la literatura de este jurista (llegó a presidente de la Corte Suprema de Justicia de Buenos Aires), poeta, dramaturgo y novelista argentino, apenas fue mencionada en la historia de la literatura argentina.

    Pero Waleis – Varela se encargó de dejar claras sus intenciones literarias en la “Carta al editor para que la conozca el lector” que se publicó junto a la edición en libro de 1877. Allí escribió:


    “Julio Verne ha popularizado las ciencias físiconaturales con sus novelas. Yo trato de popularizar el derecho con mis romances, sin pretender para estos la gloria inmensa de aquellas”.


    Waleis – Varela tenía una visión peculiar sobre el género policial, que había sido iniciado por Edgar Allan Poe pocos años antes, en 1841, con Los crímenes de la calle Morgue. Escribió en esa misma carta: “Este género de literatura es útil. Instruye deleitando y corrige instruyendo”. Al parecer, Waleis – Varela pretendía con sus novelas enseñar la importancia de la ley y del derecho.


    El rescate de la editorial Adriana Hidalgo no ha sido menor. Nos ha revelado a los seguidores de este género la base sobre la que se apila una larga tradición de literatura policial argentina que a más de un siglo después, continúa escribiéndose.


    Algo más

    Hasta siempre, Mario

    En una entrevista que Julio Algañaraz le realizó en 2003, el poeta Juan Gelman intentaba responder ¿qué es un poeta?:

    Raúl González Tuñón decía que un poeta es como cualquier hombre, pero cualquier hombre no es un poeta. Supongo que se nace, pero también se hace. El poeta está atento al mundo, tiene a la sociedad, tiene a los otros, a la literatura, a la poesía de los demás, al diarero de la esquina. El mundo está cargado de cosas que entran en la subjetividad del poeta como en la de cualquier persona, o sea que la poesía está llena de mundo. Sólo que creo que en el poeta, como en general en cualquier artista, crean un estado especial, una obsesión por buscar respuesta a preguntas que dentro de él le crean esas realidades.”

    Lamentablemente, Mario Benedetti es hoy uno de los poetas que ya no busca respuestas. El uruguayo falleció ayer a los 88 años y nos dejó un mundo con más poesía.

    A los ochenta años dijo:

    Tengo tantos libros como años. Al que le ha ido mejor es a La tregua, de lejos,
    que ya tiene 148 ediciones. Después vienen Inventario Uno, Gracias por el fuego
    y La borra del café, que es el último libro mío que ha caído muy bien, ya debe
    andar por las cuarenta ediciones en los distintos idiomas y países. Pero no me
    puedo quejar: en España, Rincón de haikus está desde hace varios meses en la
    lista de best-sellers.”

    A modo de homenaje, transcribo una estrofa de uno de los poemas de La vida ese paréntesis, porque refleja, quizás, el modo en que decidió vivir. Y deja una suerte de enseñanza.


    Todos sabemos que nada ni nadie habrá de


    ahorrarnos el final


    sin embargo hay que vivir como si fuéramos


    inmortales


    sabemos que los caballos y los perros tienen las


    patas sobre la tierra


    pero no es descabellado que en una nochebuena se


    lancen a volar.



    Como si fuéramos inmortales (1997)


    Algo más

    Montaje en video sobre el poema Si dios fuera mujer:


    Foto: Poemas revelados, Eduardo Longoni.

    Apuntes sobre nuestro policial negro de cada día

    Logo Bruguera de El Club MisterioEntré y me abrí paso rápido entre el cardumen inagotable de gente. Atravesé el túnel publicitario de Ñ y ADN Cultura, pasé por el pabellón verde, azul, amarillo, ocre y, finalmente, llegué al blanco. Allí, en un pituco primer piso con salas de actos, la Feria del Libro era otra: había tranquilidad.


    En el salón Victoria Ocampo, apenas pasadas las veinte treinta del último viernes de la feria, comenzó la charla “El policial nuestro de cada día: ¿un género para pensar el presente?”. El primero en subir al escenario fue Juan Sasturain. A su espalda, subió Marisa Grinstein, autora del best seller y éxito televisivo Mujeres Asesinas, Pablo de Santis y Jorge Lafforgue, editor y especialista en el género. Tomó la posta el periodista y escritor Vicente Muleiro.

    Algunos apuntes que tomé de la charla:

    Juan Sasturain:

    “Es una literatura en la que los límites del género se diluyen fácilmente. Se mezcla con la literatura de crímenes, por ejemplo, en donde desaparece la figura del detective; y también con lo fantástico.”

    En referencia a la historia del género negro en la literatura argentina: “La Serie Negra, que dirigió Ricardo Piglia, fue clave en la historia del género en nuestro país, porque hizo una relectura selectiva del policial norteamericano que ya se venía consumiendo hacía años.”

    Jorge Lafforgue:

    “Fue considerado el policial como un género ‘menor’ de la literatura, al punto que, como señalaba Piglia , había autores a los que les costaba admitir abiertamente que escribieron o escriben el género.”

    El policial dejó de ser un subgénero y empezó a formar parte del plantel de la literatura general. Muchos autores, si bien no han escrito policiales, han tomado recursos y técnicas del género.”
    “En Operación Masacre (1957) están presentes los elementos del policial, que la hacen una obra maestra.”

    Pablo de Santis:

    Marcó una diferencia interesante: “En las crónicas periodísticas el lector se engancha con los casos que no tienen solución. Curiosamente, en la literatura sucede lo contrario, porque los casos generalmente terminan resueltos.”


    Algo más

    Post improvisado en honor a Ornette Coleman

    El jueves 7 de mayo fui a ver el concierto que el padre del Free Jazz, Ornette Coleman, dio en el Gran Rex. En honor a él, este es un Free Post, escrito de un tirón, entre las seis y las siete de la tarde; sin demasiadas mediaciones, escribo sin pensar demasiado; ahora me vino la idea: no lo voy a corregir, termino y publico. Bueno, aunque sea un poquito sí, pero no lo habitual. A ver qué sale.

    Lo vi dirigirse despacio al atril en el centro del escenario en medio de una ovación. Las primeras notas que se desprendieron de su saxofón me sorprendieron y me golpearon en el pecho. Fue como un potente riff a toda velocidad. ¿De dónde sale toda esa energía, toda esa gran cantidad de música?: de aquel cuerpo delgado de 79 años que hace 50 revolucionó el jazz.

    Leo “La gramática del sonido”, nota de Diego Fischerman, publicada el sábado pasado en RADAR. Con muy buen tino, Fischerman cita una anécdota que cuenta el pianista Keith Jarret. Es un buen ejemplo de lo que me sucedió anteanoche cuando sonó el primer tema que Coleman tocó en nuestro país. Cuenta Jarret:

    “Después de un pasaje especialmente free cuando tocábamos con el trío en Le
    Camilion, adonde Miles había ido a escucharme, él me hizo un gesto para que me acercara a su mesa (creo recordar que nadie bebía nada) y me preguntó: ‘¿Cómo lo haces?’. ‘¿El qué?’, respondí. ‘Tocar a partir de la nada’, comentó. ‘No lo sé –le dije–. Lo hago. Ya está.’ Miles estaba anonadado ante aquella presunta facilidad mía para crear en tiempo real, sin un material previo”.


    Mientras escribo, acabo de encontrar este video de Keith Jarret.

    El resto de la noche en el Gran Rex fue similar, Coleman parecía tocar a partir de la nada; el saxo hablaba y el contrabajo, el bajo y la batería estaban ahí como fieles interlocutores. “Es un jazz medio loco… Free Jazz”, les dije al día siguiente a algunos compañeros de trabajo. A Ella le dije: “Hace el tipo de jazz que no te gusta”. Algún día me declararé amante oficial del hot jazz, o jazz tradicional; del bebop y amante touch and go del cool jazz. Pero mi declaración no sucederá ahora, primero deberán haber pasado unos años y varios discos más por mis orejas. Sí puedo declarar que el Free Jazz nunca estuvo dentro de mis amantes. Sin embargo no deja de sorprenderme. Durante un poco más de una hora, Coleman me atrapó con sus mixturas, con sus solos de violín y trompeta; con el contrabajo que espesaba el aire, la batería inquieta, repleta de matices, y el bajo que por momentos sonaba como una guitarra.

    Fue un concierto exquisito y efímero. Los temas pasaron casi como en un disco, ordenadamente uno detrás del otro, sin ningún tipo de intervención. Ninguno de los que estábamos allí pudimos conocerle la voz; la imaginé finita e inquieta, como el sonido de su saxo. Pero lo que importa en Coleman no es el sonido de su voz, sino el de su música. En una entrevista con Fischerman, explica:

    “La gramática del sonido, al contrario de la de las palabras, no diferencia unos pueblos de otros: los une.”


    Restan cinco minutos para que se cumpla la hora, se acaba mi Free Post.

    Todos los que estuvimos en el Gran Rex asistimos a un momento histórico, de esos que los libros de historia del jazz mencionarán bajo el subtítulo “Ornette Coleman en Argentina”. La visita de un “sobreviviente” (como dice Fischerman) de una época en que el jazz construía la historia de la música. ¿Qué carajo pasó en el universo para que en sólo tres años, entre 1959 y 1961, dos tipos iluminados revolucionaran el jazz para siempre? Hablo de Kind of Blue (1959) de Miles Davis y de Free Jazz (1961) de Ornette Coleman. Fueron años tocados por la varita mágica de algún dios jazzero. Alabado sea él.

    Algo más

    Video aficionado de uno de los temas del concierto en el Gran Rex:



    Ezequiel Acuña: “A las películas en competencia se las mira de un modo distinto”

    El sábado pasado estuve en el Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI), fui a entrevistar a Ezequiel Acuña, director y realizador de la película ‘Excursiones’. En medio del Shopping Abasto, nos sentamos a una mesa de esos café-bar autoservicio y pude hacerle algunas preguntas.

    Al terminar, me comentó que su productora editaba discos y le pregunté de qué tipo. Acuña me respondió con un regalo: abrió su mochila y sacó un disco de La Foca, la banda de 'indie rock' uruguaya, cuya música forma parte de la banda de sonido de 'Excursiones'. Aún no pude escucharlo atentamente, pero la primera impresión fue buena; en algún punto de su sonido me hizo acordar a Las Pelotas.

    De aquella entrevista salió esta nota:

    En la undécima edición del Buenos Aires Festival Internacional de Cine Independiente (BAFICI), el director y realizador argentino Ezequiel Acuña decidió nadar solo. Prefirió no competir con Excursiones, una película que se desprende de su cortometraje Rocío (1999), como si se tratara de una segunda parte. Los mismos personajes del corto, incluso los mismos actores que los interpretan, se encuentran después de diez años y llevan adelante una historia que, a diferencia del clima melancólico que predomina en otros trabajos de Acuña (Nadar solo y Como un avión estrellado), desborda humor.

    -¿Por qué decidiste dejar Excursiones fuera de la competencia?

    Como era mi tercer trabajo, no podía competir en la Selección Internacional. Entonces me propusieron que formara parte de la Selección Argentina y estuvo a punto de exhibirse en la apertura del festival. Pero mi objetivo era otro. A las películas que están en competencia se las mira de un modo distinto, y Excursiones tiene un tono de comedia que la hace fresca, distendida, y que no encaja con el rigor de los premios. A su vez, al haber ganado el BAFICI de 2005 con Como un avión estrellado, no sentí la necesidad o la presión de competir.

    -¿Excursiones se rodó con la misma metodología de improvisación que utilizaste en Rocío?

    Con Alberto Rojas Apel y Matías Casteli (protagonistas y co-guionistas), veníamos en plan de cagarnos de risa y filmar con mucha tranquilidad. Sentíamos que la química que se había dado en Rocío se basaba en las improvisaciones sobre las que habíamos establecido ciertas pautas; quisimos repetir esa metodología. Comenzamos a filmar ensayos de algunas escenas, más allá de que faltara un año para rodar la película. Luego vimos entre los tres ese material y decidimos qué chiste podía repetirse y cuál teníamos que descartar porque era una mierda. Así fuimos armando la película y elaborando lo que tiene que ver con el trabajo actoral. Lo más divertido de la metodología era que el laburo ya estaba vivo; era como pensar la película y al mismo tiempo filmarla.

    -¿Recomendás esta manera de hacer cine para aquellos que comienzan a filmar su primera película?

    Totalmente. Los estudiantes de cine que vean Excursiones se van a dar cuenta de que no hay tanto, que es una película chica en cuanto a producción: pocas locaciones, pocos actores; el peso está en el texto y en el trabajo actoral. La pasamos bien, fueron pocas jornadas de rodaje y el resultado es muy positivo. El modelo está bueno, se puede hacer cine en este sentido.

    Antes de que finalice la entrevista, Acuña dice que ahora se preocupará en “terminar de pagar algunas deudas y ver cómo sigue la película afuera”. Eximido de la adrenalina que produce la entrega de premios, señala luego que falta mucho para que Excursiones se estrene comercialmente. Mientras tanto continuará con su programa de radio por Internet, sus clases de cine y filmará pronto un video clip de Fidel Nadal.

    Algo más

    Video entrevista a Ezequiel Acuña y Matías Casteli
    (Vía AhoraCine.com.ar)



    Foto de Ezequiel Acuña: autor desconocido.