
El señor Lindsay Marriott se acomodó en la curva del piano, se inclinó para oler la rosa amarilla, después abrió una cigarrera francesa de esmalte y encendió un largo cigarrillo marrón, con un encendedor de oro. Yo me senté en una silla color rosa, y confié en que no le dejaría la marca. Encendí un Camel, expulsé el humo por la nariz y clavé la vista en un trozo de metal negro brillante sobre un estante. Era una especie de esfera suave con un pliegue y dos protuberancias. La miré fijo. Marriott me vio mirarla.
-Una pieza interesante -dijo con negligencia-. La compré el otro día. Es el Espíritu del Alba de Asta Dial.
-Creí que era Dos Verrugas en la Nalga, de Klopstein -dije.
Pareció como si el señor Lindsay Marriott se hubiera tragado una abeja. Suavizó el gesto con esfuerzo.
-Veo que tiene un sentido del humor algo peculiar -dijo.
-No es peculiar -dije-. Sólo desinhibido.
Raymond Chandler (Adiós, muñeca. 1940)

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